lunes, 31 de mayo de 2010

DES ENAMORA MIENTO

Dolor exquisito.
Dirección: Emilio García Wehbi.
Interpretación: Maricel Álvarez.
Texto: Sophie Call
Un viaje: Japón; una sensación: pérdida;un estado: soledad. Noventa días por delante en una ciudad extraña, pensando en él, en su próximo reencuentro en Nueva Delhi. Y como telón de fondo una ciudad de Neón, donde huele a pescado muerto, a nuevas tecnologías y a estrenada incomunicación.
Tomando como base el texto de Sophie Calle, la obra recorre el periplo de la autora con la intención de revivir todo aquello que nutrió Dolor exquisito, ese viaje iniciático que preconiza el final de una espera y el comienzo de la terrible certidumbre: la de la ruptura.
Maricel da vida a este desengaño mostrando, sin un ápice de pudor, la vulnerabilidad del desamor y el largo proceso de cambio por recorrer. Para ello se vale de un micrófono, fotos y testimonios proyectados en la blanca cabeza de un muñeco; pero sobre todo se sirve de su cuerpo, su voz y sus lágrimas, de un llanto que nos incomoda por lo que tiene de rotundo y veraz.
Y nos duele, nos toca porque nos avergüenza, nos deconstruye y nos devuelve a un estado primigenio de inocencia, de desamparo ante la ruptura de ese cordón umbilical.
En ese estado encontrado, Maricel, casi sin darnos cuenta, nos agarra de la mano y nos conduce, por senda segura, hacia todos los estadios del desengaño.
Como Orfeo, ha descendido a los infiernos para ir en nuestra búsqueda, convirtiéndonos finalmente en bellas Eurídices.


(Festival de Otoño 2010/ Teatro Abadía).

sábado, 29 de mayo de 2010

Aprender a bailar, aprender a volar

Cuando las piedras vuelen.
Coreografía: Rocío Molina.
Baile: Rocío Molina.
Cantaoras: la Tremendita y Gema Caballero.
Música y guitarras: Paco Cruz y Juan Antonio Suárez.
Ella yace en un lecho de piedras, a oscuras y al arruyo de un canto ancestral, esperando despertar a los primeros acordes de guitarra para sobrevolar el escenario. Cuando despliega sus alas, Rocío Molina corta la respiración, como un pájaro en vuelo fugaz que juega a despeinarnos.
Su ágil y certero baile invita a soñar con búhos, águilas, gorriones... en un recital de pasos donde se revela como ornitóloga de la danza, reproduciendo fascinantes movimientos de ave en libertad. Mientras, imágenes de majestuosos búhos se proyectan al fondo, dejando grabada en nuestras retinas la elegancia de su porte, con el que Rocío rivaliza de forma natural, idolatrando todos y cada uno de sus movimientos. Nos atrapa en su aérea trayectoria, volando a ras del suelo para luego remontar hacia las montañas.
Ahora queda bajar a la tierra, bailar entre las piedras, en las sillas de oficina, al calor de un cigarro... y lo hace, su baile nos enseña que los pájaros no son sólo cosa del cielo, ese cielo estrellado que cierra el espectáculo, tan breve en su magnificencia como el aleteo de una paloma.
(Festival de Otoño 2010/ Teatros del Canal).

martes, 25 de mayo de 2010

Morir para empezar a vivir















Muerte y reencarnación en un cowboy.
Dirección: Rodrigo Gacía.
Texto: Rodrigo García.
¿Qué salida nos queda cuando la existencia parece responder a unos cánones completamente ajenos a lo que en realidad somos, o pretendemos ser?, ¿cuando la risa se convierte en un gesto superficial y vacuo , incapaz de reproducir algo parecido a la felicidad?, ¿por qué los edificios son concebidos como cementerios?...
Estas y otras muchas cuestiones son las que plantea Rorigo García en su nuevo montaje, una mezcla de videoarte, performance y teatro no apto para todos los estómagos.
La obra arranca con la agonía de la muerte, la de una mujer enferma que gime de dolor postrada en una cama. Y ahí está ya el primer aviso; esto no va a ser fácil. Pero si, por si acaso, todavía no nos había quedado claro, a continuación los dos actores que llevarán el peso de la obra se desnudan "del todo", realizando todo tipo de alocadas y ridículas cabriolas, empuñando distorsionadas guitarras eléctricas y ejecutando refinados pasos de ballet clásico.
A estas alturas de la representación una docena de personas ha abandonado la sala, cosa habitual en las propuestas de este señor. Lo que realmente desconocen todos esos desertores es que lo mejor aún está por llegar.
Hemos asistido a una muerte en directo, la de dos hombres que ante los estertores de la vida (delirio, confusión y trastorno) han elegido morir para resucitar a una vida plena, sin malentendidos posibles. Y en esa redención escogen la forma de cowboys, de tipos duros llenos de sabiduría ante una vida que ha concluído de manera absurda, tal y como comenzó.
Y es ahí cuando la obra cobra un sentido pleno, cuando las palabras contenidas a lo largo de cuarenta minutos de representación estallan como bombas, dejando perplejo al espectador,con la incertidumbre de una sonrisa en su rostro.
No fue fácil, antes hubo que morir, que desprendernos de la pegajosa cotidianeidad de nuestras vidas para empezar a comulgar con Rodrigo García.
Acaso haya que morir para empezar a vivir.

(Festival de Otoño 2010/ Matadero Madrid).