martes, 25 de mayo de 2010

Morir para empezar a vivir















Muerte y reencarnación en un cowboy.
Dirección: Rodrigo Gacía.
Texto: Rodrigo García.
¿Qué salida nos queda cuando la existencia parece responder a unos cánones completamente ajenos a lo que en realidad somos, o pretendemos ser?, ¿cuando la risa se convierte en un gesto superficial y vacuo , incapaz de reproducir algo parecido a la felicidad?, ¿por qué los edificios son concebidos como cementerios?...
Estas y otras muchas cuestiones son las que plantea Rorigo García en su nuevo montaje, una mezcla de videoarte, performance y teatro no apto para todos los estómagos.
La obra arranca con la agonía de la muerte, la de una mujer enferma que gime de dolor postrada en una cama. Y ahí está ya el primer aviso; esto no va a ser fácil. Pero si, por si acaso, todavía no nos había quedado claro, a continuación los dos actores que llevarán el peso de la obra se desnudan "del todo", realizando todo tipo de alocadas y ridículas cabriolas, empuñando distorsionadas guitarras eléctricas y ejecutando refinados pasos de ballet clásico.
A estas alturas de la representación una docena de personas ha abandonado la sala, cosa habitual en las propuestas de este señor. Lo que realmente desconocen todos esos desertores es que lo mejor aún está por llegar.
Hemos asistido a una muerte en directo, la de dos hombres que ante los estertores de la vida (delirio, confusión y trastorno) han elegido morir para resucitar a una vida plena, sin malentendidos posibles. Y en esa redención escogen la forma de cowboys, de tipos duros llenos de sabiduría ante una vida que ha concluído de manera absurda, tal y como comenzó.
Y es ahí cuando la obra cobra un sentido pleno, cuando las palabras contenidas a lo largo de cuarenta minutos de representación estallan como bombas, dejando perplejo al espectador,con la incertidumbre de una sonrisa en su rostro.
No fue fácil, antes hubo que morir, que desprendernos de la pegajosa cotidianeidad de nuestras vidas para empezar a comulgar con Rodrigo García.
Acaso haya que morir para empezar a vivir.

(Festival de Otoño 2010/ Matadero Madrid).


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