sábado, 10 de julio de 2010

La lírica conquista de la nieve

Los cazadores de thé.
Dirección e interpretación: Hernán Gené y Fernando Sánchez-Cabezudo.
A principios del siglo XX dos exploradores, el británico Robert Scott y el noruego Roald Amundsen, se lanzan a la conquista del Polo Sur, una hazaña que supondrá para uno la gloria inmortal y para el otro la gélida muerte.
La compañía Mr. Kubik se inspira en este hecho histórico para reflexionar acerca de lo que mueve a los hombres a realizar semejantes actos de superación, y lo hace desde el humor, desde una refinada y absurda comicidad, arropada aquí por una original y fantástica puesta en escena. Mediante un escenario giratorio, lleno de mágicos recovecos, nos adentramos, de forma alternativa, en el sueño de Scott y Amundsen, viajamos con ellos hasta la lejana Antártida y regresamos llenos de lirismo ante la belleza y la sencillez de las imágenes que nos regalan. Aquí todos hablan, hasta los osos polares y las morsas, de nuestra pobre condición, de nuestras ansias de conquista.
Y nosotros reímos, reímos ante la efímera dicha de nuestras conquistas, enterradas finalmente bajo un alud de nieve.
(Hasta el 31 de julio en la Cuarta Pared).

viernes, 9 de julio de 2010

Un lobo para el hombre

EDUARDO II
Dirección: Manuel De.
Reparto: Iván Ugalde, Carmen Mayordomo, Pablo Alonso.

Algo huele a podrido en la corte de Eduardo, el poder conspira mientras el pueblo expira, ahogado en el triste lodazal de la ignorancia.
¿qué o quién mueve los hilos?
Tomando como base el texto de Marlowe, el presente montaje arriesga, ridiculizando al extremo los mecanismos de poder a través de las múltiples vías de comunicación, síntomas de una sociedad herida que prefiere cerrar los ojos ante la podredumbre acechante.
El rey Eduardo ha escogido el camino más doloroso, la verdad frente a la hipocresía, el amor en contraposición al odio, ese odio que envenena a la reina, desencadenando la tragedia.Y a su alrededor las alimañas de la corte, dispuestas a llevarse su trozo de tarta.
No es fácil nadar a contracorriente; Eduardo lo hace, no sólo defendiendo su homosexualidad, sino enfrentándose al peor enemigo del hombre: el hombre que ha dejado de serlo.
Durante esta encarnizada lucha nos llevamos las manos a la cabeza, ésas que tanto cuesta levantar en la vida real, como bien nos recrimina Mortimer en un esperanzador monólogo que sirve de revulsivo al espectador. ¡Cuidado, aquí no se libra nadie! Somos parte de una maquinaria cuyos engranajes hace tiempo se oxidaron, dejando al descubierto el terrible esqueleto que nos sostiene.
(Visible Madrid. Hasta el 10 de julio en la Sala Triángulo).