jueves, 18 de febrero de 2010

Los sutiles límites de la vida y el teatro


El arte de la comedia.
Dirección: Carles Alfaro.
Reparto: Enric Benavent, Lidia Otón, Pedro Casablanc, Lola Manzano...
¿Qué sería de un escenario sin sus cómicos? Es más, ¿qué sería del mundo sin los comediantes? El teatro como reflejo de la vida y la vida como reflejo del teatro; dos caras de una misma moneda, dos universos que se complementan, se nutren y que, en ocasiones, llegan a confundirse.
El gran dramaturgo Eduardo de Filippo (1900-1984) concibió esta obra en defensa del teatro, despertando las iras de aquellos que llegarían a denunciarle por ofender al Estado, porque la verdad es que, en este maravilloso alegato, Filippo supo poner el dedo en la llaga.
La obra comienza con Oreste Campese -qué grande Enric Benavent-, director de un modesto teatro venido a menos que, tras la reciente tragedia del incendio de su carpa decide invitar al Gobernador a su próxima representación. Este rehúye su invitación, alegando las muchas visitas que atender, a lo que Oreste responde retándole a averiguar si esas personas a las que va a recibir son realmente quienes dicen ser o cómicos de su propia compañía. La duda ya está sembrada y el Gobernador tendrá que lidiar con los sutiles límites que separan la vida del teatro.
El arte de la comedia fue uno de los primeros montajes realizados en los albores del Teatro Abadía, cuando contaban con unos medios exiguos que la gran ilusión de sus cómicos supo vencer. Y aquí ha quedado el lúcido testimonio de esa lucha, ese teatro dentro del teatro que el monólogo inicial de Oreste pone de relieve, sembrando también esa apreciada duda en el corazón del espectador.
(Hasta el 21 de marzo en el Teatro Abadía)

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