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lunes, 8 de febrero de 2010

Imaginación versus convención


EL BAILE (Dirección: Sergi Belbel/ Coreografía: Sol Picó).
Antoinette es una adolescente soñadora que vive bajo el yugo de una madre opresiva, la señora Kampf, preocupada más por el qué dirán que por la felicidad de su hija. Convertida en una nueva rica, esta madre castradora protagonizará un duelo épico con la pequeña Antoinette, que encontrará una vía de escape a través de la danza. Pero la tragedia aflora cuando la señora Kampf decide dar un maravilloso baile en su casa, al cual Antoinette no estará invitada. ¿Resutado? La venganza de la pequeña no se hará esperar y sus consecuencias serán devastadoras.
La naturalidad frente a la apariencia, la sencillez frente a la opulencia, la imaginación frente a la convención...
La estupenda Anna Lizarán (Mm. Kampf) nos muestra la cara más perversa de las convenciones sociales, mientras que Xaro Campo (Antoinette) le da la réplica a través de una danza salvaje, que culmina chapoteando en el agua. Y como telón de fondo, una escenografía que evoluciona con sus personajes, construída a través de pequeños taburetes hexagonales que van cayendo, a modo de máscaras sociales, para dar paso a un escenario anegado por el agua -el mundo imaginativo de Antoinette- con un pequeño islote, donde la madre trata de poner a salvo su vacuo universo de apariencias.
(hasta el 14 de febrero/ Teatro Valle Inclán).

viernes, 5 de febrero de 2010

Bailar es la primera forma de hacer música


Nota-(leer con American Wheeze, de 16 Horsepower).
El agua como fuente de vida, como elemento purificador, como recurso básico y necesario. ¿Y si se viese convertida en artículo de lujo, como el champán? La escasez de agua afecta a todos los continentes y a más del 40 % de la población mundial.
Bajo esta reflexión, el coreógrafo francés Amury Lebrun crea una pieza llena de fuerza que ironiza sobre la ilimitada codicia humana, capaz de agotar los recursos naturales.
Como punto de partida, un escenario desnudo con cuatro vasos de agua situados en proscenio y un bailarín con un elegante traje negro que mira desafiante al público, llevándose uno de los vasos a la boca. Tras este desconcertante arranque, los siete bailarines que completan este joven elenco se suceden en el escenario, contorsionándose de forma desgarradora, a la caza del elemento líquido. Pero Amaury va más allá en la segunda parte, donde cuatro mujeres ataviadas con vestido rojo y acompañadas por sus respectivas parejas -ellos de negro-, brindan con agua en estilizadas copas de champán, entregándose a una orgiástica danza que alcanza su punto más álgido con la música de 16 Horsepower, donde la alegría da paso a la rabia, generando el caos que se derivaría de un mundo falto de agua.
(Compañía Nacional de Danza 2/ del 4 al 14 de febrero en el Teatro de Madrid)