viernes, 5 de febrero de 2010

Bailar es la primera forma de hacer música


Nota-(leer con American Wheeze, de 16 Horsepower).
El agua como fuente de vida, como elemento purificador, como recurso básico y necesario. ¿Y si se viese convertida en artículo de lujo, como el champán? La escasez de agua afecta a todos los continentes y a más del 40 % de la población mundial.
Bajo esta reflexión, el coreógrafo francés Amury Lebrun crea una pieza llena de fuerza que ironiza sobre la ilimitada codicia humana, capaz de agotar los recursos naturales.
Como punto de partida, un escenario desnudo con cuatro vasos de agua situados en proscenio y un bailarín con un elegante traje negro que mira desafiante al público, llevándose uno de los vasos a la boca. Tras este desconcertante arranque, los siete bailarines que completan este joven elenco se suceden en el escenario, contorsionándose de forma desgarradora, a la caza del elemento líquido. Pero Amaury va más allá en la segunda parte, donde cuatro mujeres ataviadas con vestido rojo y acompañadas por sus respectivas parejas -ellos de negro-, brindan con agua en estilizadas copas de champán, entregándose a una orgiástica danza que alcanza su punto más álgido con la música de 16 Horsepower, donde la alegría da paso a la rabia, generando el caos que se derivaría de un mundo falto de agua.
(Compañía Nacional de Danza 2/ del 4 al 14 de febrero en el Teatro de Madrid)

1 comentario:

  1. que cómo se hace una crítica de algo tan abstracto como un espectáculo de danza contemporánea??? pues así está muy bien llevado, sólo hay que dejarse llevar...

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